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Redolés en Territorio Liberado

Redolés en Territorio Liberado

Por: Boris GL
Fotografías: Luis Barriga/ Agencia latitudpress
                         

Quienes asistimos a la celebración de los 40 años de Mauricio Redolés en el Parque Cultural de Valparaíso (sábado 20 de junio de 2015) participamos de una manifestación poética realizada en TERRITORIO LIBERADO. Designación contradictoria por dos reflexiones: la primera de ellas, los significados que emergen de un espacio cultural que fuera durante casi un siglo (1906-1999) la cárcel pública de Valparaíso; por tanto, lugar donde se reunieron infinitas tragedias humanas que Mauricio sintetiza certeramente en la frase “todo preso es un preso político”, y que podría funcionar a modo de epitafio en las lápidas de los caídos y caídas que por infinitas razones han sido perseguidos, apresados, aprisionados y cazados por un sistema feroz que reina feliz en este Edén (o lo que queda de él). La segunda ponderación -relacionada específicamente con Mauricio- es que él, así como otros y otras, hace del encierro la liberación, de la mordaza el canto, de la tortura el compañerismo, de la muerte resurrección profana.

Fue esa resurrección; ese descubrimiento el punto de partida de un concierto que en su estructura central se asimiló a una lección de historia narrada/cantada a través de la transparencia de crónicas escritas por un poeta cuya palabra sintetiza la tradición del habla popular, del habla canero, con la voz alzada y húmeda de un país agotado merced del asalto/saqueo constitucionalmente coludido por la dirigencia política retornada del exilio y también de aquella que se quedó en Chile para trabajar y enriquecerse junto al dictador. Las características de esa voz poética lo une, reconocido innumerables veces por él, a la tradición que iniciara el poeta Carlos Pezoa Véliz.

Antes, sin embargo, cantó para cerrar un trajín de cuatro décadas, tal y como lo hizo en esa acción que organizaran junto a otros presos políticos (“todo preso es un preso político”) el 1 de junio de 1975, camuflando la celebración del Día del Trabajador/a como un festejo apolítico de un club deportivo amateur. Esos temas elegidos y que fueron el detonante para su acercamiento a la guitarra los cantó con Eduardo Gatti, “Los momentos”; Max Berrú, “Nuestro México”; y Clarita Parra, “Que pena siente el alma”.

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En la ex cárcel pública de Valparaíso, espacio que ha vivido su propio proceso kafkiano al mutar y transformarse en un disputado escenario cultural más ad-hoc a la ciudad de esquela y gentrificación, el poeta del barrio Yungay desplegó su concierto “40 años no es nada” en compañía de las bandas Los Descuentos y la Shica y Shao (recordó también a Los Ex Animales Domésticos o a los Si me llaman Boys). Allí, al mirar la globalidad de su propuesta ética y estética, se destaca –a modo de columna vertebral- una especie de pequeña historiografía reciente de Chile, resumida, a mi juicio, en la certera claridad de la viejecita protagónica del canto- poema titulado LOS TANGOLPIANDO.

Cito y añado algunas expresiones allí presentes: La “vetusta dama” que “de sol a sol trabajaba” se preguntaba, suspirando “¿cuándo llegará el socialismo?”. Y esos dirigentes, que “desfilaban con cascos de mineros” en los tiempos de Allende, arrancaron, con el Golpe (“el país apareció con los ojos morados y los pezones doliéndoles”), a las Uropas “a digerir unos simposios muy importantes, pal futuro de la solidaridad con Chile. Y se fueron a hacer unos postgrados en
socialismo de rostro humano, máster en sociología del que fracasó mal y doctorados en porqué andábamos tan perdidos según ellos”.

Esa viejecita, que se quedó en el país para luchar contra Pinochet y sus secuaces, representa al pueblo chileno que en sus propias dignidades y precariedades ha sido víctima de la misma pregunta que esta anciana mujer sigue planteándose. “¿Cuándo llegará el socialismo?” Y la respuesta la conocemos y el mismo Redolés la sintetiza enfáticamente: “No llegó el socialismo, llegó la ALEGRÍA. Y con la alegría llegaron de nuevo los mismos líderes del socialismo”. “Esos líderes ya no estaban interesados en ese socialismo (…) los líderes ahora eran gerentes de transnacionales ascendentes, creían en los problemas de la comunicación, en la información de la aldea global”.

Esa pregunta clave: ¿Cuándo llegará el socialismo? tiene para nosotros una respuesta que se va exhibiendo todos los días(por momentos, de modo grotesco ante la ordinariez en el cómo se gestó el desfalco) y que posee su propio correlato en otras obras que a su modo y en su lenguaje confirman la colusión de la clase política desde la caída de Allende en adelante (Tomás Moulian, Gabriel Salazar, María Olivia Monckeberg, Marcelo Mellado, Fernando Atria, Diamela Eltit, Alberto Mayol, entre tantísimos otros y otras). Redolés historiza a su modo, por intermedio de una poesía para el canto y la réplica urbana. 

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Los líderes ya retornados que persigue la viejita, a quienes enrostra que “la CIA no los va desclasificar nunca porque ustedes le trabajan gratis” hoy ejercen desde el poder institucional un “socialismo de derecha”, imbricándose a la práctica política de quienes fueran y supuestamente son sus opositores (si alguna vez lo fueron realmente a propósito del involucramiento de ambos “bandos”). Redolés los descubre y empelota descarnadamente en temas/poemas como EL HOMBRE ES UN SAQUEADOR cuya historia se une al reclamo de la misma vieja, añadiendo al listado de honorables socialistas una nómina de nuevos demócratas (como aquella que a Navarro le costó el cargo en el Senado), todos representantes renovados de la hegemonía de los negocios en política.

A pesar del gris panorama Mauricio canta/poetiza desde un TERRITORIO LIBERADO. Ni muy extraño, ni tan raro al ambiente que seguramente albergó a esa cárcel pública, actual centro cultural porteño, que desde ese encierro alejó y apresó al pueblo,impidiendo la realización de una utopía que a tientas se estuvo fraguando desde los inicios del siglo XX y que hoy comienza a despertar a veces inquieta, a veces aletargadamente. Una liberación que se manifiesta en la libertad y amplitud de esa misma provocación que los descoloca: sus nombres, vínculos y negocios (en salud, educación, con los recursos naturales, negocian con la vida de todos y todas) sometidos a la transparencia de la poesía y del arte en general. Los vemos impávidos y descompensados desfilar por tribunales a la espera que se despliegue la totalidad del escandaloso espectáculo. Se destapó la olla y es cosa de tiempo distinguir la totalidad de los ingredientes pudriéndose dentro de ella.

“Yo prefiero el caos a esta realidad tan charcha”, canta Mauricio en QUÍMICA DE LA LUCHA DE CLASES, mientras en su TERRITORIO, que es también el nuestro,los pasos se orientan hacia el lugar inevitable: tomar el sartén por el mango y hacernos cargo, en lo cotidiano, de retomar nuestros derechos y nuestros territorios. La primera liberación es aquella que nos enseña Redolés en estos 40 años: ejercer la libertad en el encierro, liberarnos de la mordaza a través de la acción, del canto y la poesía (la de todos los días), practicando la conciencia y el compañerismo para hacer más llevadera la vida, desconfiando permanentemente de esa democracia que los compañeros renovados, demócratas y socialistas ficcionaron y ejecutaron a sus anchas. Hasta ahora.