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José Saramago: El desasosiego en el día de su cumpleaños

José Saramago: El desasosiego en el día de su cumpleaños

Por Boris González López

En sus 94 años José Saramago, Zé, para sus cercanos, adquiere un sentido imprescindible para todos quienes queramos abrir un poquito más los ojos. Así nos alentaba. “La pregunta que todos deberíamos hacernos es: ¿qué he hecho yo si nada ha cambiado? Deberíamos vivir más en el desasosiego.

Este 16 de noviembre el escritor portugués José Saramago cumpliría 94 años de vida. Y de poder haber vencido la muerte para celebrarlo con nosotros, su retrato acerca del mundo que nos toca habitar seguiría entroncado a un pesimismo crónico, originado en las evidencias que vamos progresivamente acumulando como especie, al caminar hacia un despeñadero sin retornos evidentes.

 

“Escribo para desasosegar” representó una condición ética que para él alcanzó difusión mundial con el Premio Nobel de Literatura que recibiera en 1998. “A dónde va el escritor va el ciudadano”, explicó en sus innumerables viajes por el planeta, sintiéndose parte de las causas de los invisibles y olvidados, que han sido desechados e instrumentalizados por una elite -ya sin localización geopolítica específica- que ha hecho de la democracia un espejismo. Un mundo para ricos, donde los Trump, Piñera, Slim, Paulmann o Rockefeller son los titiriteros del enorme fraude democrático que encubre la miseria y desaparición de miles de seres humanos.

Ese desasosiego es un despertar, un llamado a la conciencia que bien plasmó en alguno de sus libros más importantes. “Ensayo sobre la ceguera”, “Ensayo sobre la lucidez” y “La caverna” es una trilogía que remece ante la brutal confirmación que los lugares ficticios narrados allí son nuestro hogar, nuestra vida y también los modos que tenemos de habitarla. En el primero de ellos se representa a un país completo que sucumbe frente a un mal que hace que todos, menos una mujer, queden ciegos, sumergidos en un fondo blanco que atormenta y enloquece. Metáfora perfecta que deja entrever la actitud pasiva que hemos incorporado cuasi patológicamente frente a las humillaciones que vamos heredando y multiplicando.

En “Ensayo sobre la lucidez” encontramos un pueblo que frente a unas elecciones decide, sin confabulaciones de por medio, quedarse en casa, no participar, abandonar el voto y su sentido legitimador, ante lo cual los gobernantes reaccionan discursiva, política y represivamente producto de las insospechadas consecuencias que ese acto de insubordinación posee ¿A usted le suena conocido? Por eso, a nadie debe sorprenderle que el próximo debate nacional sea volver el voto obligatorio a toda costa, “ante las responsabilidades cívicas que todos los ciudadanos y las ciudadanas tenemos”.

En “La caverna” un alfarero, su hija, el esposo de ella y el perro “Encontrado” se ven enfrentados a las encrucijadas de esta modernidad que nos alcanzó a todos. Su artesanía ya no tiene valor en un mundo donde el sentido de la vida se ha comercializado en todas sus esferas, devolviéndonos a la encrucijada que Platón nos propusiera en el Mito de la Caverna y que nos enfrentara al desafío de un conocimiento hoy carente de sentido humanizador, cuyo progreso y difusión ha sido servil al sistema imperante.

En sus 94 años José Saramago, Zé, para sus cercanos, adquiere un sentido imprescindible para todos quienes queramos abrir un poquito más los ojos. Así nos alentaba. “La pregunta que todos deberíamos hacernos es: ¿qué he hecho yo si nada ha cambiado? Deberíamos vivir más en el desasosiego. El mañana no ocurrirá si no cambiamos el hoy. Como se cuenta en La caverna, todo lo que llevamos a cuestas en la vida son vísperas y todas esas vísperas, incluyendo la desesperanza y la desilusión, son las que influyen en el mañana. Hay que hacer el trabajo todos los días con las manos, la cabeza, la sensibilidad, con todo”.

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