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No puede brillarte el moretón

No puede brillarte el moretón

 

Vía: Observatorio Virtual Mujeres y Medios

Esta semana, circuló esta “funa” en redes sociales (1):

“Este carabinero, Luis Henríquez Osses de la comisaría de Playa Ancha de Valparaíso, golpeó a mi prima hasta dejarla así. Fue el día viernes en la madrugada, la mantuvo encerrada en un hostal hasta que Loreto Aburto logró escapar a las 3 de la mañana, la violó,amenazó de muerte, le sacó la ctm el paco maricón”.

 La prima de la joven agredida, compartió desde su perfil personal en Facebook el relato de la situación denunciada, acompañado de algunas fotografías de la joven golpeada y del agresor, un carabinero de una comisaría de Valparaíso.

Ante la falta real de protección, de mecanismos que garanticen el cuidado a las mujeres sujetas de violencia, o de algo que pudiésemos conceptualizar como “justicia”, se han masificado las denuncias en distintas plataformas de internet, quizá como una manera simbólica de buscar una sanción que no va a llegar, revelando el rostro de los agresores, estableciendo la lógica de “para que no le vuelva a pasar a ninguna mujer”.

Como sea, existe hoy, en algún nivel, alguna emergente noción respecto a que “eso”, la agresión, la violencia, “no se le hace a ninguna mujer”. Esa conciencia, es el reflejo de un trabajo y un accionar feminista de larga data. No son solamente las tibias campañas públicas levantadas desde la institucionalidad, es de bastante antes que ​el niunamenos y la mediatización de la violencia en los matinales, conversada en profundidad y seguida de otros contenidos que…la promueven.

En otro nivel, persiste la noción naturalizadora de la violencia, el “algo habrá hecho”.

La exhibición pública del juicio oral por el caso de Nabila Rifo, ha sido pródiga en ejemplos acerca de eso. La defensa del caso, y la cobertura de algunos medios, se ha esmerado en destacar la personalidad de Nabila, sus conductas personales, como una razón que podría eventualmente justificar, o al menos explicar, la agresión. ¿Qué más podría esperarse para una mujer que llevaba esa vida? Que te mutilen y abandonen tu cuerpo de madrugada en medio de la calle, es el mínimo esperado y merecido.

Similar historia y argumentos, han circulado para el caso de esta funa virtual.

Veamos solo diecisiete fragmentos de los más de quinientos comentarios que tenía la publicación. Una larga serie de posteos y compartidos, de hombres y mujeres, cuyos perfiles o nombres se han omitido:

“Cuenten la historia completa”, “que cabra chica eres (a quien denuncia) con algo así no se juega”, “¿a alguien le consta que es verdad lo señalado?”, “yo lo conozco y sé que jamás haría algo así, la mina andaba con uno y con otro, quizá quien le pegó y le echo la culpa a mi amigo”, “suena a funa por despecho”, “me parece raro que no tenga derrame en el ojo… y que su hematoma sea tan brilloso como si fuera maquillaje”, “¿será verdad? Porque el brillo del moretón parece maquillaje”, “El problema es de ella, si le aguanta es porque es weona”, “kizas fue la mina y pa cagar al loco inventa violaciones y amenazas…le saco la xuxa siiiii está bien , pero de ahí a violarla”, “sinceramente parece maquillaje, está muy brilloso”, “me gustaría saber que andaba haciendo esta señorita”, “igual da impotencia encontrar a la pareja de uno con otro, uno se ciega y reacciona”, “la violó o fue ahí para estar con el y después se enojaron?”, “hoy en día cualquiera sube una foto y difama”, “y porque la encerró y la golpeó? Eran pololos? Mmmmm”, “como una mina profesional y tan desinhibida va a volver con un supuesto agresor? Chiquillas aquí cada una se cuida el culo (…) y los hombres, no se pongan estúpidos por una mina que se entrega de inmediato, que no es señorita, que es capaz de acostarse con dos hombres a la vez…”, “por jineteras les pasan esas weas, andan babosas por un weón con uniforme”.

No es la opinión pública expresada a boca de jarro en redes sociales por un público inclasificable. También puede ser la de un académico e historiador reputado, que excusa una situación de acoso porque las denunciantes aparecen íntegras, resueltas, pintiparadas.

Una mujer agredida tiene que aparecer deshecha, vulnerable, afectada, destruida.

¿Cómo si no, va a tomar fuerza y credibilidad su denuncia y su relato?

Una mujer agredida debe llevar una vida intachable. Si no es así, ¿de qué se queja?

Una mujer asesinada debió tener una relación con el criminal. Si no ¿de qué femicidio hablamos?

Tiempo antes de que la vida de Antonia Garrós terminara sobre el pavimento, su hermana había publicado un grito de auxilio por las mismas redes sociales, relatando las permanentes agresiones y publicando la foto de Andrés Larraín, para que ese exiguo mundo virtual conociera la cara del agresor. Quería que algo…algo pudiera suceder, algún casi milagro para que Antonia desistiera de esa relación tóxica, violenta, criminal, ya que hechas todas las denuncias pertinentes, el maltrato no cesaba.

El juicio popular en redes sociales, la rabia, la justificación, las explicaciones posibles, los nombres de mujeres que se acumulan engrosando la lista mortal inacabable, las historias de esas mujeres repetidas en un loop televisado infinito que vuelve a asesinarlas en pantalla, las caras de esas mujeres impresas en la página de un diario que terminará en la basura, y que será suplido por el rostro de otras mujeres impreso en la página de un diario.

La justicia que no existe, el desconcierto, las explicaciones imposibles, el cuerpo de las mujeres, un receptáculo sin fin donde puede caber por la razón que sea, toda la violencia del mundo.

¿Qué habrá hecho Antonia, con sus 23 años, para decidir caer sorpresivamente desde una ventana esa madrugada de febrero?

¿En que se equivocó Johana Soto, que Johnny Jorquera la estranguló con el cable de un televisor?

¿Cuánto se perdió del buen camino de una mujer Yini Sandoval, para ser asesinada y quemada por su pareja en Temuco? ¿Por qué Ignacio, Daniel y Valentín, sus hijos, tuvieron que ser también asesinados por su padre en ese trance?

¿Cuántas preguntas hay que seguir formulándose? ¿Cuántas respuestas, cuántas explicaciones para que en la foto de una mujer golpeada no pueda brillar el moretón?

(1) La publicación fue bajada de redes sociales luego de ser publicada. El agresor pasó a control de detención el martes 21 de marzo. La Fiscalía solicitó prisión preventiva pero el tribunal de garantía desestimó la medida. El caso será revisado por la Corte de Apelaciones.